Imagine por un momento una escena cotidiana en cualquier empresa: un faltante de mercancía en el almacén y tres colaboradores con acceso. El gerente los cita uno por uno. El primero lo mira fijamente y responde con seguridad. El segundo desvía la mirada, se toca la nariz y tartamudea. El tercero suda y no deja de mover las manos.
¿Quién miente?
En el imaginario popular, la respuesta es obvia: el nervioso. Así lo enseñan las series de televisión y así lo repiten los cursos rápidos de "lenguaje corporal". Sin embargo, la investigación científica de las últimas décadas cuenta una historia radicalmente distinta: la mentira no se ve en la cara.
En este mes de máscaras y disfraces, vale la pena revisar qué dice la evidencia sobre las microexpresiones y los gestos "delatores", y qué sí funciona cuando una organización necesita evaluar la credibilidad de una persona.
LO QUE VENDE LA TELEVISIÓN
En series como Lie to Me (2009–2011), el protagonista descubre al culpable por un gesto de medio segundo: una ceja que se levanta, una sonrisa asimétrica, una mirada que se desvía. Es excelente entretenimiento.
La serie se inspiró en investigaciones reales sobre la expresión facial de las emociones. Pero entre "las emociones se reflejan en el rostro" y "el rostro delata al mentiroso" existe un salto enorme. Ese salto es el que la ciencia no ha podido sostener.
¿QUÉ TAN BUENOS SOMOS PARA DETECTAR MENTIRAS?
El metaanálisis más citado sobre el tema, de Bond y DePaulo (2006), reunió 206 trabajos y los juicios de 24,483 personas. Su conclusión es contundente: a simple vista acertamos en promedio el 54% de las veces, apenas por encima del 50% que daría lanzar una moneda al aire.
- Todas las declaraciones: 54% de acierto promedio.
- Declaraciones verdaderas: 61% de acierto.
- Mentiras: 47% de acierto.
El dato más revelador es el último: identificamos correctamente menos de la mitad de las mentiras. Tendemos a creerle a la gente, y "fijarse más" en su cara no corrige ese sesgo.
LA PROMESA DE LAS MICROEXPRESIONES
Una microexpresión es un destello facial muy breve de una emoción que la persona intenta ocultar. La teoría es atractiva, pero tres hallazgos la ponen seriamente en duda.
Primero, casi no aparecen. Porter y ten Brinke (2008) analizaron cuadro por cuadro cerca de 700 expresiones emocionales, verdaderas y fingidas. Solo el 2% fueron microexpresiones, y casi siempre de forma parcial.
Segundo, también aparecen en quien dice la verdad. En un estudio con personas que pedían públicamente ayuda para encontrar a un familiar desaparecido, ten Brinke y Porter (2012) registraron 6 microexpresiones en quienes mentían y 8 en quienes eran sinceros.
Tercero, entrenarse para verlas no mejora la detección. Jordan y colaboradores (2019) evaluaron una herramienta de entrenamiento en microexpresiones utilizada en el ámbito de la seguridad. Quienes la usaron no detectaron mentiras mejor que quienes no recibieron entrenamiento.
DIAGNÓSTICO CORPORATIVO: Una microexpresión puede indicar que la persona siente algo. No indica por qué lo siente, ni si está mintiendo.
LOS MITOS DEL LENGUAJE CORPORAL
DePaulo y colaboradores (2003) revisaron 158 posibles señales de engaño a partir de 1,338 mediciones. Muchas conductas no mostraron relación alguna con la mentira, y las que sí la mostraron fueron débiles. Ningún gesto, por sí solo, demuestra que alguien miente.
- "No le mira a los ojos": la mirada varía según la persona, su cultura y su estado emocional.
- "Se tocó la nariz" o "cruzó los brazos": son gestos comunes en cualquiera que está incómodo o cansado.
- "Suda, tartamudea, está nervioso": una persona inocente bajo presión también se pone nerviosa.
Volvamos a la escena del almacén. Juzgar por la apariencia puede llevar a señalar al colaborador nervioso, que quizá es inocente, y a dejar pasar al que respondió con aplomo. Los nervios no son mentira.
DE LA INTUICIÓN AL MÉTODO
¿Significa esto que es imposible detectar el engaño? En absoluto. Significa que la credibilidad no se adivina mirando un rostro: se evalúa con método.
Las señales más útiles no están en un gesto aislado, sino en lo que la persona relata y en cómo responde a preguntas concretas. El propio metaanálisis de DePaulo encontró que quienes mienten tienden a ofrecer relatos menos detallados y menos convincentes.
Por esta razón, una evaluación profesional de la credibilidad se apoya en tres elementos:
- Entrevista estructurada: preguntas claras, específicas y planeadas con anticipación, no impresiones ni corazonadas.
- Registro y análisis objetivo: datos medibles, como las reacciones fisiológicas que registra el polígrafo, interpretados con metodologías científicas avaladas internacionalmente.
- Un profesional capacitado: un especialista que identifica factores de riesgo sobre hechos concretos y los reporta con claridad, sin emitir veredictos de culpabilidad.
UNA REFLEXIÓN FINAL PARA DIRECTORES Y ÁREAS DE RECURSOS HUMANOS
Cada vez que una decisión sobre la confianza en una persona se toma por su apariencia, la organización queda a expensas de la suerte. La pregunta que todo responsable de seguridad, finanzas o talento humano debería plantearse no es si el candidato "se ve" honesto, sino: ¿tenemos un método objetivo para evaluar el riesgo, o solo estamos confiando en nuestra intuición?
Este Halloween, deje las máscaras en la fiesta y los mitos en la televisión.
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FUENTES
- Bond, C. F., y DePaulo, B. M. (2006). Accuracy of deception judgments. Personality and Social Psychology Review, 10(3), 214–234.
- DePaulo, B. M., et al. (2003). Cues to deception. Psychological Bulletin, 129(1), 74–118.
- Porter, S., y ten Brinke, L. (2008). Reading between the lies. Psychological Science, 19(5), 508–514. Nota de la Universidad Dalhousie.
- ten Brinke, L., y Porter, S. (2012). Cry me a river. Law and Human Behavior, 36(6), 469–477.
- Burgoon, J. K. (2018). Microexpressions are not the best way to catch a liar. Frontiers in Psychology, 9, 1672.
- Jordan, S., et al. (2019). A test of the micro-expressions training tool: Does it improve lie detection? Journal of Investigative Psychology and Offender Profiling, 16(3), 222–235.

